Inicio > Revista educativa > Panorama de la educación > Investigación sobre alimentos
Blogs del colegio
Noticias de actualidad
Quiénes somos
Nuestro Centro
Pastoral
Extraescolares
Comunidad Educativa
Servicios
Nuestros rincones
Salud y Consumo
Reportajes gráficos
Copistería
Anuarios
Cincuentenario del Colegio
Revista educativa
Panorama de la educación
Rincón de los Padres
Jefatura de Estudios de Infantil y Primaria
Jefatura de Estudios ESO y Bachillerato
Investigación sobre alimentos
Investigación sobre alimentos

Una investigación de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria revela que cerca del 80% de los reclamos publicitarios en alimentos no pueden comprobarse científicamente.

No es raro sentirse abrumado ante las publicidades de alimentos. A menudo se tiene la impresión de que cada día se descubre una nueva propiedad beneficiosa para el organismo en los productos de siempre, como la leche o el aceite de oliva. Las empresas aluden en sus anuncios a estudios que, supuestamente, avalan estas propiedades. Pero una cosa es la publicidad y otra bien distinta, la ciencia.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, según sus siglas en inglés) ha presentado los resultados de una investigación que inició en 2008 y que demuestra que, en cerca del 80% de los productos alimentarios, las supuestas propiedades saludables no pueden comprobarse de manera científica.

Los expertos de la EFSA han analizado 2.758 sustancias que la industria alimentaria utiliza en los anuncios de sus productos. En la amplia mayoría de los casos ha resultado imposible demostrar que los beneficios anunciados son reales, al menos según los conocimientos científicos actuales. En rigor, ello significa que las supuestas propiedades beneficiosas de los alimentos no se niegan ni se descartan sino que, por el momento, no pueden comprobarse a través de la ciencia.

Alimentos en duda

Solo en algunos casos las pruebas han ratificado las bondades prometidas por las empresas productoras de alimentos. Se comprobó que el aceite de oliva, por ejemplo, ayuda a controlar el nivel del llamado “colesterol malo”, al igual que cualquier otro aceite con ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados. En cambio, no se ha podido establecer si los polifenoles del aceite de oliva favorecen el mantenimiento de la concentración del “colesterol bueno”.

Los científicos también han podido ratificar que 0,8 gramos de fitoesteroles por día permiten reducir el colesterol malo y que la sustitución del azúcar por edulcorantes como el sorbitol o el xilitol reduce la caries (ya que la presencia de las bacterias que la causan disminuye ante la falta de glucosa).

No obstante, son muchos más los alimentos que no superaron las evaluaciones. La investigación no pudo demostrar que los arándanos reduzcan las infecciones urinarias de las mujeres o que las isoflavonas de la soja protejan las proteínas y el ADN de la oxidación. Tampoco se ha podido concluir que la fibra de trigo ayude a adelgazar o que la capsaicina de los pimientos nos permita mantener estable nuestro peso.

Los lactobacilos merecen un párrafo aparte. La EFSA ha recibido una decena de solicitudes en los últimos tres años para evaluar los efectos de estas bacterias, presentes en ciertos derivados de la leche y protagonistas de una gran cantidad de publicidades. Dado que existen diversas cepas y variedades de estas bacterias vivas, que pueden combinarse de distintas maneras, las definiciones terminantes resultaron imposibles. Los expertos, de todas formas, no pudieron comprobar que el famoso L. casei disminuya la presencia de microorganismos patógenos en el sistema digestivo, por citar a uno de los lactobacilos más mencionados en los anuncios.

Más información